El proyecto se desarrolla dentro de una trayectoria de continuidad que relaciona dos momentos distintos pero interconectados de la programación del museo, bajo la dirección de Lorenzo Giusti: Piensa como una montaña, el programa bienal que entre 2024 y 2025 abrió un espacio de reflexión compartida sobre los temas de la sostenibilidad y la dimensión colectiva de la experiencia artística, y Pedagogía de la esperanza, que retoma el legado y en 2026 centrará la atención en la dimensión educativa y en el papel del arte como práctica de conocimiento, relación y transformación.
Inspirado en el pensamiento del pedagogo brasileño Paulo Freire, que concibe la educación como una práctica de libertad, el programa es el resultado del constante codiseño entre Sara Tonelli y Rachele Bellini, del Departamento de Educación, y el equipo curatorial de Sara Fumagalli, Valentina Gervasoni e Irene Guandalini.
A través de un calendario articulado de actividades -desde un taller permanente de experimentación pedagógica en los locales del Palazzo della Ragione hasta proyectos expositivos en Spazio Zero, desde charlas y talleres con invitados internacionales hasta la nueva temporada de Radio GAMeC- a lo largo del año Pedagogía de la Esperanza implicará activamente a distintos públicos, reforzando el papel de la institución como espacio de diálogo, participación y responsabilidad colectiva.
La exposición concebida por Ana Silva para el Spazio Zero de la GAMeC fue creada en colaboración con una red de bordadoras locales, invitadas por la artista a intervenir en algunas de sus obras textiles, y se desarrolla en continuidad con su investigación sobre una de las crisis más graves de nuestro tiempo: el acceso al agua.
Para la producción de sus obras, Silva confía primero los temas que ha concebido y diseñado a bordadoras angoleñas -de hecho, en Angola sólo se permite a los hombres utilizar la máquina de coser- y luego termina las obras ella misma, añadiendo adornos, purpurina y lentejuelas a mano.
Mediante el lenguaje del bordado -tradicionalmente asociado al cuidado, la memoria y la resistencia-, la artista denuncia la escasez de agua y hace visible una realidad en la que no es un derecho, sino un privilegio. Cada puntada testimonia en silencio una necesidad básica que se le niega, acentuando el contraste entre el delicado gesto del bordado y el dramatismo del tema.
La práctica artística de Ana Silva se desarrolla entre la memoria, la materialidad y la crítica sociocultural, en diálogo con los efectos de la globalización, el consumo y los flujos transcontinentales. Su obra toma forma a partir de un gesto sencillo y radical: la recuperación de tejidos, prácticas y conocimientos femeninos relegados durante mucho tiempo al espacio privado, asumidos ahora como lenguaje artístico contemporáneo.
Los tejidos industriales utilizados por la artista para la producción de sus obras son portadores de una experiencia: producidos en serie en África o para África, y antaño centrales en la vida cotidiana, ahora acaban siendo acumulados, olvidados, sustituidos, transformados en residuos en un sistema global de producción y consumo acelerados. Ana Silva se inserta en este ciclo, recuperando y resemantizando los materiales elegidos; mediante la práctica del bordado, ralentiza el tiempo industrial e introduce una temporalidad manual, repetitiva y corpórea.
La artista vive y trabaja entre Portugal, Brasil y Angola, moviéndose entre una diversidad de territorios, experiencias y culturas que se refleja en sus obras, sobre todo en la forma en que retrata las figuras femeninas: presencias frágiles e incompletas integradas en patrones geométricos que recuerdan la producción en serie, los mercados globales y los legados coloniales aún vigentes.
Al intervenir sobre estos patrones mediante el bordado, la artista introduce una interrupción, un soplo. El gesto manual reinscribe el tejido industrial en un ecosistema más amplio en el que la sostenibilidad no es sólo una cuestión medioambiental, sino también cultural y social. Sostenibilidad significa cuidar, remendar, prolongar la vida de lo que parecía destinado a ser desechado. Además, el diseño libre, los hilos expuestos y la ausencia de acabado contribuyen a reforzar el rechazo de una identidad fija o de una narrativa única: las figuras son cuerpos en construcción.
La exposición también presentará al público un corpus de obras anteriores de Silva, que traza la evolución de su investigación artística: la serie O Fardo / Vestir Memórias, compuesta por obras realizadas a partir de sacos de plástico y rafia utilizados para transportar ropa de Europa a África, destinados a mercados de segunda mano, que reconfigura estos objetos como soportes artísticos e instrumentos de reflexión crítica.
Estos sacos, llenos de ropa pero también ligados a historias y caminos invisibles, son retirados de su función original y reconfigurados como superficies narrativas: también aquí, la artista interviene mediante bordados y costuras, incorporando figuras humanas, escenas de la vida cotidiana y motivos simbólicos que remiten a la vida social, la infancia, los cuidados y la transmisión de la memoria.
La elección del soporte no es neutra: el material, originalmente asociado a los residuos, pone de manifiesto las asimetrías económicas, cuestiona los circuitos de consumo y expone las consecuencias medioambientales y sociales del exceso generado por los sistemas de producción y consumo del Norte global y vertido en los países del Sur. Al mismo tiempo, las obras proponen una reapropiación sensible y poética del residuo, transformado en materia de resistencia, afirmación y reconstrucción.
Las obras presentadas en la exposición abordan la ecología como una relación entre cuerpos, materiales, historias y sistemas de producción. Silva se pregunta qué historias pueden contarse a partir de lo que se ha olvidado o desechado. La práctica textil, la investigación social y la preocupación medioambiental se entrelazan así en el espacio expositivo en una reinterpretación crítica de lo cotidiano.